miércoles - agosto 14, 2019

¿Cómo se comunican en la era de la información?

Vivimos en la era de la información, pero saber en qué y a quién creer es más difícil que nunca. ¿Cómo afecta todo esto la percepción que la gente tiene de la ciencia?

¿Qué piensan cuando piensan en la ciencia? ¿Es una fuerza del bien que ayuda a mejorar nuestras vidas? ¿O es una herramienta mal utilizada al servicio de intereses tendenciosos? ¿Es ambas cosas?

 

 

La ciencia puede ser compleja y calculada, pero también puede despertar nuestras emociones. Es fundamental para nuestras vidas, ayuda a forjar nuestro futuro y, sin embargo, a menudo se la malentiende, se la confunde o incluso se la emplea mal.

 

Vivimos en una época en la que nos vemos bombardeados con tanta información de tantas fuentes que puede ser difícil saber en qué opiniones creer y cuáles desestimar. ¿Quiénes son los expertos? ¿En qué fuentes deberíamos confiar? 

 

A los científicos a menudo les cuesta hacerse oír entre la multitud. Vivimos en una época de gran innovación, pero ¿estamos en peligro de perder nuestro amor por la ciencia?

 

Cómo la sociedad ve a la ciencia

En términos generales, el trabajo de los científicos se percibe como beneficioso. La idea de que la sociedad está perdiendo la fe en la ciencia, que cada vez creemos menos en los expertos, no es real. Según el Pew Research Center, la confianza del público en la ciencia se ha mantenido estable desde los años setenta, con un 91% de los estadounidenses que tienen cierta confianza en la comunidad científica.

 

“Creo que el discurso que dice que el público está perdiendo confianza en los expertos o los científicos no tiene sentido. Es una manera equivocada de ver el tema”. Hay cuestiones en torno a temas específicos, como si deberíamos usar animales en investigación o si estamos sobremedicalizando a la sociedad, que son debates verdaderamente legítimos”, comenta Fiona Fox, CEO del Science Media Centre.

 

Generalmente son estos asuntos más polémicos los que más escepticismo generan con respecto a la ciencia. Temas como el cambio climático, los OGM y las vacunas pueden generar puntos de vista radicales que disienten de la opinión científica predominante. Esto puede deberse a la falta de conocimientos sobre el tema, a la prevalencia de los sentimientos sobre los hechos, pero a menudo hay más detrás:

 

“Como lo ha demostrado una década de estudios, el conocimiento está muy lejos de ser el factor más importante que determina que alguien acepte o rechace la tecnología científica. Tenemos que entender que las opiniones de las personas se basan en sus valores, en sus ideologías y en sus preferencias. Esos son los factores que realmente influyen en cómo las personas se comportan y las actitudes que adoptan con respecto a la ciencia”, explica la Dra. Marta Entradas, becaria Marie Curie en el Departamento de Psicología y Ciencias de la Conducta de la London School of Economics.

 

 

Las opiniones en la era de Internet

La rápida evolución de Internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales ha tenido un enorme efecto sobre nuestra percepción de la ciencia y la autoridad científica. Ha hecho que el conocimiento científico esté más inmediatamente disponible que nunca y, al mismo tiempo, ha creado un mundo en el que la información está en todas partes y cualquiera puede afirmar que es un experto.

 

La mayoría de nosotros no estamos calificados para evaluar la validez de la información que leemos. Y, en muchos sentidos, no queremos estarlo. Por naturaleza, deseamos confirmar nuestros puntos de vista establecidos, oír solo lo que queremos oír.

 

“Lo que hoy sabemos es que, cuando las personas procesan nueva información, primero intervienen las emociones y luego el razonamiento. Es un concepto llamado razonamiento motivado y explica por qué nos encantan los artículos que nos dicen lo que ya sabemos y nos quejamos de los artículos que critican aquello en lo que creemos. Es el modo en que siempre hemos procesado la información, pero Internet lo hace más evidente”, comenta el Dr. Arthur Lupia, profesor de Ciencia Política en la cátedra Hal R. Varian de la Universidad de Michigan.

 

Comunicar la complejidad

Entonces, ¿cómo puede la comunidad científica comunicarse mejor con el público en esta era de medios masivos, memes e información errónea?

 

La interacción ante todo.

 

“Tenemos que avanzar hacia maneras mejores de interactuar con el público en lugar de simplemente divulgar información científica del modo en que lo hemos hecho tradicionalmente. Tenemos que salir a la realidad y comprender las maneras en que la gente piensa en la ciencia. Nosotros, los académicos y los científicos, tenemos la responsabilidad social de hacer partícipe al público. De acercar la ciencia a la gente”, argumenta la Dra. Marta Entradas.

 

Esto significa conectar el trabajo científico con las principales preocupaciones de la gente. Significa utilizar varias formas de comunicación, especialmente las redes sociales. Y significa participar activamente en las conversaciones actuales.

 

“Creemos que los científicos deberían salir a la realidad y participar de los debates, escuchar lo que el público está diciendo, lo que le preocupa, y luego discutirlo a fondo. Creo realmente que eso marca una diferencia”, comenta Fiona Fox.

 

Louis Pasteur, el biólogo y químico francés pionero, una vez dijo: “La ciencia no conoce país, porque el conocimiento le pertenece a la humanidad y es la antorcha que ilumina al mundo”. Al interactuar de modo más activo con el público, los científicos ayudan a pasar esa antorcha.