Editorial

Orientar para la automedicación: más que una simple recomendación general

Orientar adecuadamente a las personas que acuden al área de automedicación de una farmacia no siempre es fácil en la práctica: muchos clientes tienen prisa, algunos no quieren que quienes están detrás de ellos en la fila se enteren de sus molestias y otros no tienen ganas de cambiar el medicamento que encontraron en Google; así que se necesita mucho tacto para hacer una buena recomendación.

Para lograrlo, la guía “Información y consulta del paciente sobre medicamentos de automedicación” de la Federación de Asociaciones Farmacéuticas Alemanas indica que la recomendación del encargado de farmacia al consumidor debe basarse en tres pilares: preguntar - decidir - informar.

En la primera parte (preguntas), se deben investigar los detalles de las molestias del consumidor, las posibles enfermedades subyacentes y qué otros medicamentos está utilizando, al tiempo que se examina cualquier autodiagnóstico o solicitud de medicamentos. Además, se debe garantizar que las dolencias del consumidor no requieran más exámenes médicos.

Con base en la sesión de preguntas, el encargado de farmacia recomendará el medicamento, que es la segunda parte del procedimiento (decisión).

La conversación debe concluir con el tercer pilar: información sobre el medicamento, lo cual implica que el consumidor reciba todos los detalles respecto al uso, dosificación y medidas adicionales sobre el tratamiento.

Si bien esta guía es muy útil para la automedicación en general, es particularmente importante en el caso de los dolores de cabeza, en los cuales no deben ignorarse los trastornos subyacentes e interacciones.

Por ejemplo, si un consumidor tiene un mayor riesgo cardiovascular, el ibuprofeno generalmente no es el fármaco de elección ya que puede aumentar aún más el riesgo de un ataque cardíaco o un derrame cerebral. Para ellos, el ácido acetilsalicílico (Apirina) suele ser una mejor opción de tratamiento, ya que no aumenta el riesgo cardiovascular. Lo mismo se aplica a las personas que regularmente toman bajas dosis de ácido acetilsalicílico (ASA). El ibuprofeno puede eliminar el efecto cardioprotector de Aspirina. También para estos consumidores, el ASA puede ser la recomendación más apropiada. Es importante destacar que los pacientes que utilizan ASA de baja dosis para tratamiento cardiovascular, no pueden esperar un aumento del riesgo de hemorragia con el uso a corto plazo de ASA en dosis analgésicas.