Editorial

Gestionaremos de acuerdo a los  más altos estándares éticos

// Entrevista del periodico alemán Frankfurter Allgemeine (10.06.2018) a Liam Condon sobre la adquicisión y la reputación de Monsanto

Sr. Condon, ahora Monsanto pertenece a Bayer. Usted dirige así el mayor proveedor de agroquímicos del mundo. ¿La malvada compañía americana será ahora honesta y alemana?

Lo que importa es cómo Bayer maneja la reputación de Monsanto. Es cierto que Monsanto no tiene una buena fama en Europa. Esto se debe a la forma en que la empresa abordó el tema de la ingeniería genética verde. Como Europa no era un mercado tan importante para Monsanto, la empresa dejó de cuidar su reputación en algún momento. Sin duda fue un error. Ello creó un vacío que algunos grupos han llenado bien. Por eso, impulsaremos un diálogo social abierto, en especial con nuestros críticos.

 

Seguidamente, suprimen el nombre de la empresa Monsanto, que tiene más de cien años. ¿Cómo fue acogido esto en la sede de Monsanto en St. Louis?

Esta decisión no fue imprevista. Además, los empleados y clientes de Monsanto se identifican más bien con las marcas de los productos individuales. Se enorgullecen de ellas, no del nombre de la empresa.

 

La mala reputación y el nombre de la compañía son una cosa. Pero ustedes también se encargarán del glifosato, el herbicida que al parecer es cancerígeno...

De hecho, ese es el único producto de Monsanto que se conoce en Europa. Y muchos hechos son ignorados, los argumentos son emocionales y populistas. Todas las autoridades reguladoras competentes del mundo han clasificado al glifosato como no cancerígeno e inocuo para las personas, los animales y el medio ambiente cuando se utiliza correctamente. El riesgo teórico que la agencia internacional de investigación del cáncer IARC ha determinado para el glifosato también se aplica a las bebidas calientes, las carnes rojas o los paseos al sol. También habría que prohibir todo eso si se prohíbe el glifosato.

 

En los Estados Unidos los agricultores demandaron a Monsanto por enfermarlos a causa del glifosato. Las compañías tabacaleras tuvieron que pagar miles de millones de dólares en daños en un caso similar.

Tales demandas son comunes en los Estados Unidos. Sin embargo, estamos seguros de que los tribunales llegarán a la conclusión de que el glifosato no representa un peligro para la salud cuando se usa según las instrucciones.

 

Monsanto utiliza métodos robustos, por ejemplo, para hacer que los agricultores de soja dependan de semillas genéticamente modificadas. ¿Se seguirá permitiendo esto?

Ese también es uno de los muchos prejuicios. Muchas personas que no tienen nada que ver con la agricultura subestiman el sentido comercial de los agricultores. Son hombres de negocios. No compran nada que no sea bueno para su granja. Con frecuencia se dice que son pocos los proveedores de semillas en el mundo. En realidad, hay miles de ellos. Tenemos que convencer a nuestros clientes una y otra vez con nuestro desempeño y con productos y soluciones innovadoras que les ayuden a asegurar o mejorar sus cosechas.

 

Entonces, ¿no hay que cambiar nada en los métodos de comercialización de Monsanto?

Lo estudiaremos detenidamente durante la integración. Una cosa está clara: en el futuro, gestionaremos nuestro negocio a la manera de Bayer, es decir, de acuerdo con los más altos estándares éticos.

 

El 60 por ciento de las ventas de la empresa vendrá de Monsanto y el 40 por ciento de Bayer.

¿Cómo se garantiza que los alemanes marquen la pauta moralmente?

No se trata de quién marca la pauta, sino de crear una cultura corporativa común con la que todos los empleados puedan identificarse. Nuestros valores y la fuerte marca Bayer, sinónimo de confianza y calidad en todo el mundo, son una base excelente para ello.

También hemos formado un excelente equipo directivo, muy bien equilibrado con directivos de Bayer y de Monsanto, algunos de los cuales también tienen que mudarse. Ya estoy deseando trabajar con este equipo.

 

La compra de Monsanto, por 63 mil millones de dólares, es la adquisición más costosa realizada por una empresa alemana. Durante dos años tuvieron inconvenientes porque las autoridades antimonopolio tardaron más de lo esperado. ¿Valió la pena?

Sí, en todos los sentidos, aunque a veces haya sido difícil. En particular, porque las autoridades tuvieron en cuenta circunstancias futuras que, naturalmente, no se pueden predecir. Esto llevó mucho tiempo, y al final tuvimos que renunciar a más de lo que pensábamos para cumplir con los objetivos, cerca de un porcentaje de las ventas totales. Pero esto es usual en operaciones de este tamaño. Con Monsanto, somos ahora la mayor empresa agrícola a nivel mundial y podremos contribuir plenamente a la nutrición de las personas. Claro que valió la pena.

 

¿Cuál será la próxima novedad en la agricultura que interesará a los  inversionistas y saciará a casi 10 mil millones de personas en 2050?

No habrá una gran cosa que salve al mundo. La agricultura es demasiado diversa para esto. Pero habrá muchas aportaciones importantes. Nombraré tres: Con las tijeras del gen Crispr se cultivan plantas más productivas y robustas, con mejor sabor y que evitan alergias y esto de forma más rápida y económica. Las primeras plantas desarrolladas con Crispr han sido aprobadas para el cultivo, y seguirán otras más. La segunda es la digitalización: todo se vuelve más preciso y eficiente. La tercera es la fertilidad del suelo. Descubriremos la conexión entre los microbios del suelo y el crecimiento de las plantas. Esto traerá importantes mejoras. En resumen, hay que ser mucho  más productivos y a la vez proteger el medio ambiente. De lo contrario, no podremos alimentar a todo el mundo de forma sustentable.

 

Esto significa: ¿Campos más grandes, más química en el terreno?

No. No solo habrá una manera. La agricultura ecológica y la agricultura convencional seguirán coexistiendo, como también tendremos plantas genéticamente modificadas y las convencionales o cultivos verticales, es decir, en varias plantas, como en un rascacielos. Queremos ofrecer lo correcto para todas las opciones.

 

El agricultor orgánico no necesita ni química ni semillas genéticamente modificadas. ¿Qué les comprará?

La agricultura ecológica también debe ser más rentable, de lo contrario es un despilfarro de recursos. Porque cada tipo de agricultura es una invasión a la naturaleza a expensas de la biodiversidad y esto también se aplica a la agricultura ecológica. Cuando los agricultores ecológicos utilizan metales pesados como el cobre para proteger sus plantas, como ocurre a menudo, no me parece que esto sea sustentable. Por eso ofrecemos además protección fitosanitaria con una base biológica. Y semillas convencionales, desde luego.

 

¿Qué sucederá en cinco años si ya no se permite el glifosato?

No hay ninguna razón científica para prohibir el glifosato. Creo que el glifosato continuará desempeñando un papel en el futuro porque es de bajo riesgo y muy beneficioso. Si el glifosato dejase de existir, los agricultores tendrían que utilizar en su lugar más recursos para combatir las malas hierbas.

 

¿Esto hace que los alimentos sean más caros?

Para los agricultores es más caro. Queda por ver si los consumidores están dispuestos a pagar más. Los productos de protección de cultivos se pueden aplicar de forma muy precisa, con sensores y una técnica de inyección minuciosa. Otras empresas prueban robots que recorren las hileras de plantas, detectan las malas hierbas con una cámara y las destruyen con un láser. Así que no siempre es química. Se trata cada vez más de vender a los agricultores no sólo remedios A o B, sino también un campo sano, a cambio de una tarifa fija por hectárea. Lo que le importa al granjero es tener una cosecha segura.

 

Esto los hace dependientes de ustedes.

No, ¿por qué? Ellos pueden cambiar de proveedor en cualquier momento si no están satisfechos con nosotros. Queremos ayudar a los agricultores a tomar las decisiones correctas en el terreno lo antes posible. Por ello, le ofreceremos muchas opciones: soluciones muy sencillas, así como el paquete completo, dependiendo de las necesidades del agricultor.

 

¿Ayuda esto también a contrarrestar las muertes de abejas causadas por la agricultura moderna?

La buena noticia es que el número de colonias de abejas productoras de miel en Alemania y Europa ha ido en aumento desde hace años. Nadie se da cuenta de eso. Que cada vez existan menos abejas silvestres tiene varios motivos. Esto se debe principalmente al declive de los hábitats, la pérdida de lugares de cría y el escaso suministro de alimentos, sobre todo a causa de la urbanización y la intensificación de la agricultura.

 

¿Le gustan las abejas?

Sí, por supuesto. Todo aquél que trabaja en la agricultura debe ser un amante de las abejas. Cualquier otra cosa sería una locura. Por eso también creamos hoteles de abejas junto con los agricultores y plantamos franjas de flores al borde del campo. Se puede hacer mucho con simples recursos.

Liam Condon,  Miembro del Consejo de Dirección Bayer y Responsable de la División Crop Science.