Ácido fólico y salud prenatal

Cómo el descubrimiento la científica Lucy Willis condujo a la prevención de infinidad de defectos congénitos en todo el mundo.

La científica Lucy Wills, es la autora del trabajo pionero sobre el ácido fólico que cambió la forma en que comprendemos la importancia de la nutrición durante el embarazo. Las alteraciones del tubo neural se encuentran entre los defectos congénitos más graves y comunes que sufren las mujeres embarazadas. Son la principal causa de muerte y discapacidad de por vida, que afecta a más de 300 mil nacimientos cada año en el mundo. Estos defectos se producen durante las primeras semanas de embarazo, cuando se desarrolla y se cierra el tubo neural, a partir del cual se forman el cerebro y la médula espinal. Cuando el tubo no se cierra por completo se desarrolla un defecto, como la espina bífida (un defecto de la médula espinal o de las vértebras). Hoy sabemos que el nivel de folato (vitamina B9) de una mujer juega un papel crucial en la formación del tubo neural. Esta es una de las principales razones por las cuales el ácido fólico (una forma sintética del folato) es recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como suplemento para las mujeres embarazadas. El descubrimiento y el uso del folato han tenido, por ende, una función vital a la hora de prevenir infinidad de defectos congénitos debilitantes e incluso mortales. Y se lo debemos a una intrépida científica que fue la pionera.

De Cambridge a Ciudad del Cabo

Nacida en Inglaterra en 1888, los primeros años de la vida de Lucy Wills estuvieron teñidos de tragedia. A dos años de obtener un título en Botánica y Geología en la Universidad de Cambridge en 1911, perdió a su padre (con quien tenía mucha afinidad) y a su hermana mayor, Edith, quien tenía solo 27 años cuando murió. Es probable que estas tragedias le sirvieran a Wills de disparador para toda una vida de viajes. Después de viajar a Sri Lanka con su madre, Lucy se mudó a Sudáfrica con su hermano en 1914. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en julio de ese año, ella trabajó como enfermera voluntaria en Ciudad del Cabo, en lo que sería el comienzo de una carrera en medicina. Al regresar a Londres en 1915, Wills asistió a la Escuela de Medicina de Londres para Mujeres (London School of Medicine for Women), la primera facultad de Medicina en Gran Bretaña que formaba médicas mujeres. En 1920, obtuvo el título en Medicina e ingresó al Departamento de Patología Química de la facultad, donde investigó los mecanismos bioquímicos del cuerpo vinculados con las enfermedades.

Fue allí donde, en los años siguientes, Wills desarrolló un interés particular por la hematología: el estudio y el tratamiento de la sangre.

El descubrimiento en Bombay

En 1928, Wills viajó a India para ayudar a investigar una forma particularmente grave y potencialmente mortal de anemia en el embarazo que se había generalizado entre las trabajadoras textiles de Bombay. La anemia era más frecuente en las poblaciones más pobres, por lo que Wills se dedicó a estudiar si los factores alimenticios tenían alguna incidencia. Descubrió que los pobladores del área tenían dietas carentes de proteínas, frutas y verduras, lo cual ser relacionaba con una mayor probabilidad de que las mujeres padecieran anemia macrocítica (una enfermedad caracterizada porque los glóbulos rojos son más grandes de lo normal) durante el embarazo. Después del fracaso de un ensayo inicial de intervención nutricional que se concentró en las vitaminas A y C, Lucy Wills decidió investigar enfoques alternativos del caso y comenzó a estudiar los efectos de los cambios en la alimentación de ratas albinas embarazadas. Aquellas ratas que fueron alimentadas de la misma manera que las mujeres pobres de Bombay desarrollaron anemia y, como consecuencia, murieron antes de parir. Fue así como la investigadora descubrió que la anemia en las ratas podía prevenirse agregando levadura de cerveza a una alimentación que carecía de varias vitaminas del grupo B, principalmente.

Sin embargo, las ratas sufrieron una infección común y, preocupada porque esto pudiera estar enmascarando los resultados, Wills repitió la prueba en monos. Al usar un extracto de levadura untable que era y sigue siendo un alimento popular para el desayuno en el Reino Unido, la doctora Wills descubrió que podía replicar el éxito que había tenido con las ratas. En los siguientes ensayos terapéuticos, se descubrió que el extracto de levadura servía tanto para prevenir como para curar la anemia macrocítica en las pacientes embarazadas de Bombay. Wills había hecho una observación clave: era necesario un factor nutricional específico para prevenir la anemia durante el embarazo. Se conoció como el “factor Wills” y fue el primer paso hacia el descubrimiento del ácido fólico.

De qué manera se hizo realidad el factor Wills

A su regreso a Londres, Lucy Wills continuó trabajando en la prevención de la anemia en mujeres embarazadas mediante la intervención en la nutrición y empleando los resultados de sus experiencias en África. Durante los años 30, Wills y sus colegas descubrieron que, junto con la levadura, el hígado contenía nutrientes que podían tratar muchas formas de anemia en los humanos. Estos hallazgos ayudaron a acotar las vitaminas que eran tan eficaces en la prevención de la enfermedad durante el periodo de gestació de las mujeres.

El ácido fólico recibió ese nombre en 1941, cuando Herschel Mitchell pudo aislarlo con éxito de la espinaca. Dos años más tarde, el compuesto finalmente fue sintetizado por primera vez y, para 1945, este folato sintético se utilizaba para ayudar a tratar la anemia. El “factor Wills” se había convertido en un tratamiento. Durante el resto de su vida, Wills trabajó para mejorar nuestra comprensión de la nutrición en el embarazo. Continuó viajando por el mundo, de Jamaica a Fiji, observando de qué manera la alimentación afectaba a las mujeres embarazadas. Desde los descubrimientos de Lucy en Bombay, nuestra comprensión de la importancia del ácido fólico en el embarazo, junto con otros nutrientes como el hierro y las vitaminas B12 y B3, ha avanzado significativamente. A principios de los años 80, el primer suplemento prenatal mutivitamínico con ácido fólico, Elevit Pronatal, probó con éxito en el marco de un ensayo clínico comparativo que esos nutrientes pueden ayudar a prevenir la primera aparición de los defectos del tubo neural. En la actualidad, sabemos que la ingesta de nutrientes de una mujer es crucial para el desarrollo de su bebé y que mediante el refuerzo de la alimentación y los suplementos podemos reducir el riesgo de potenciales defectos congénitos. Y por eso, debemos agradecer el trabajo pionero de Lucy Wills.

El ácido fólico recibió este nombre en 1945, año en que fue sintetizado por primera vez.

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