NECESITAMOS UNA CULTURA DE OPORTUNIDADES

“Europa debe actuar con urgencia si quiere seguir siendo un centro competitivo para la innovación”, escribe el Presidente del Consejo de Dirección de Bayer AG, Werner Baumann, en su nuevo blog en Bayer Magazine.

En su texto, Baumann aborda el escepticismo en Europa sobre los avances tecnológicos, como la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías de reproducción, y lo que debe suceder para garantizar que este continente vuelva a ser un líder en innovación.

“En cuanto al futuro, su tarea no es preverlo, sino habilitarlo”. Europa debería tomar muy en serio esta astuta declaración del escritor Antoine de Saint Exupéry. En cambio, en la Unión Europea, a menudo, adoptamos una actitud que no permite el futuro, sino que lo obstaculiza.

Una actitud que ve la globalización y la competencia no como catalizadores y motores de la prosperidad, sino como amenazas. Que busca defender logros pasados en lugar de buscar nuevas oportunidades. Este tipo de clima no ayuda a que la innovación y los inventores prosperen. Y como también representa un riesgo para nuestra prosperidad en Europa, obstaculiza y desafía a nuestro continente. Necesitamos una Europa próspera y no debemos poner en peligro los éxitos de la Unión Europea (UE).

Europa es profundamente escéptica de los avances tecnológicos. En la encuesta “Technik-Radar 2018” realizada en Alemania, solo una cuarta parte de los encuestados opinó que la tecnología resuelve más problemas de los que crea. Como resultado de este escepticismo sobre la tecnología, Europa está perdiendo terreno como centro de innovación y otorgando progreso tecnológico a otros. Cuando se trata de inteligencia artificial, Europa está siendo dejada atrás por EE.UU. y China.

La situación no es mejor en otro campo pionero: CRISPR/Cas y otras nuevas tecnologías de reproducción. Con la ayuda de este avance, la reproducción convencional puede complementarse y, en algunos casos, reemplazarse por métodos mucho más rápidos y más precisos. Podríamos cultivar plantas que produzcan un mayor rendimiento o sean más resistentes en condiciones de sequía. Estas tecnologías podrían ayudar a alimentar a nuestra creciente población y hacer un uso más eficiente de los recursos naturales, al tiempo que limitan el impacto del cambio climático.

Europa está bien posicionada para desempeñar un papel de liderazgo en este campo, pero una reciente decisión del Tribunal de Justicia Europeo se opone. El año pasado, el tribunal decidió que CRISPR / Cas y métodos similares deben clasificarse como ingeniería genética y regularse de acuerdo con los mismos estándares estrictos. Por lo tanto, esta tecnología prometedora corre el riesgo de ser conducida al extranjero. No hay una razón objetiva para regular de manera tan estricta las plantas criadas de esta manera. No contienen genes extraños y no son diferentes de las plantas criadas tradicionalmente.

La pelota está ahora en la cancha de los políticos. Su tarea es crear el marco legal que permita desarrollar más esta tecnología en Europa. De lo contrario, el mensaje al resto del mundo será, una vez más, que no tenemos ambiciones de desempeñar un papel.

¿Qué debe suceder?

Entonces, ¿qué debe ocurrir para garantizar que Europa vuelva a convertirse en un centro de innovación líder y competitivo? Tres cosas deben estar en la parte superior de la agenda.

Primero: Brexit. La retirada del Reino Unido de la Unión Europea es un revés importante para la capacidad de innovación de la UE. Después de todo, el Reino Unido es uno de los países más innovadores de Europa. La UE debe esforzarse por lograr la mayor integración posible con el Reino Unido en el futuro posterior al Brexit, no solo económicamente, sino también en ciencia e investigación.

Segundo: Capital de riesgo. EE.UU. han mostrado a todos cómo se hace. El capital de riesgo es muy importante cuando se trata de convertir hallazgos científicos e ideas en compañías exitosas. Otras regiones, incluida Europa, se están recuperando, pero la brecha sigue siendo significativa. La inversión de capital de riesgo totalizó 63,800 millones de euros en EE.UU. durante 2017, en Europa fue de 15,600 millones. Solo se puede sacar una conclusión de estos números: Europa debe hacer más para garantizar que la implementación de ideas prometedoras no falle por falta de dinero.

Tercero: Y el más importante: lo que más necesita Europa es una transformación cultural y un cambio de mentalidad. Tenemos que abandonar nuestra desalentadora fijación por los riesgos potenciales y avanzar hacia una cultura de oportunidades y posibilidades valientes y decididas. Por supuesto, es bueno y correcto que el progreso tecnológico esté acompañado por un debate público integral y crítico. Sin embargo, es crucial que este debate se lleve a cabo de manera objetiva y que las decisiones reglamentarias se tomen sobre la base de hallazgos científicos sólidos. Lamentablemente, hoy en la UE estamos muy lejos de este ideal. Los debates tienen una carga emocional y, a menudo, tienen poco que ver con el estado actual de la experiencia. Esto alimenta el miedo. Ese temor se refleja en regulaciones restrictivas que no ayudan, sino que obstaculizan los avances tecnológicos.

El logro más importante de la humanidad en las últimas décadas y siglos probablemente nunca hubiera sido posible con esta actitud. Hemos escapado de la miseria. En 1800, la esperanza de vida global promedio era de 31 años, hoy es de 72. En 1970, 28 por ciento de la población todavía padecía hambre. Hoy este número es solo de 11 por ciento.

¿No sería increíble lograr finalmente la victoria sobre enfermedades graves como el cáncer o el Alzheimer?

Este es un triunfo de la Ilustración, una idea que surgió originalmente en Europa. Gracias a esta idea se colocó el potencial de las personas y la ciencia en el centro del escenario. Es una tradición que debemos seguir conservando: Una Europa marcada por la ciencia y la tecnología, una Europa de inventores que dieron al mundo la imprenta y el piano, el microscopio y la máquina de vapor, los antibióticos y los automóviles, la bolsa de aire y el reproductor de mp3, por ejemplo. El lugar donde se construyó la primera computadora del mundo.

Pero también podemos lograr grandes cosas en el futuro: ¿No sería positivo lograr finalmente la victoria sobre enfermedades tan graves como el cáncer o poder prevenir el Alzheimer, tal como lo hicimos con la viruela, que se erradicó en 1977? ¿O para eliminar el hambre, que todavía afecta a 800 millones de personas en todo el mundo? No sabemos si alguna vez tendremos éxito en este esfuerzo porque no podemos predecir el futuro. Pero podemos habilitarlo, para más y más personas.

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